30/5/17

Grupo Insud

Generales

Start Ups, los cangrejos nacientes a metros del mar

Como los cangrejos que nacen a unos metros del mar y deben llegar al agua antes de que un depredador se los coma, las start ups (empresas nacientes) también deben hacer un recorrido plagado de riesgos entre el capital semilla (un pequeño monto que aportan por lo general familiares o que es el premio de un concurso) y la escala que las haga sustentables. Este tramo se denomina, en la jerga de emprendedores, el `valle de la muerte`, y es particularmente más arduo y azaroso en los proyectos con base en ciencias duras, y todavía más complejo en países como la Argentina, sin cultura de capital de riesgo y con mercado de escala pequeña. Marías Peire, un emprendedor de 39 años, cree, justamente, por algunos de estos motivos que es el momento de apostar por los negocios basados en ciencias duras. `Los inversores grandes no lo están viendo, les preocupan las regulaciones de segmentos como el de la biotecnología y lo ven como un campo de altísimo riesgo. Pero ya hay una masa crítica y condiciones para que este panorama se revierta`, sostiene Peire. Luego de crear, desarrollar y finalmente vender una empresa de software, Peire, que estudió Administración de Empresas, dedicó tres años a investigar el potencial de las iniciativas basadas en ciencia. Recorrió centros de estudio y relevó con sus socios unas 300 posibilidades de negocios. Se encontró con un terreno caótico y desordenado, pero -asegura- con mucho potencial. `El modelo de aceleradora tradicional, como en EE.UU., no funciona aquí, porque no hay masa crítica de proyectos andando. Hay que ir más atrás en la cadena`, explica. ¿En qué basa su optimismo? Por un lado, abundancia de científicas y científicos con mucho talento, pero con una interface defectuosa con el sector privado. Segundo, el factor ya mencionado: los grandes fondos de inversión ni los miran. Y en tercer término, hay toda una tendencia en el campo de las políticas públicas (ya sea con líneas de organismos internacionales o con políticas locales como la ley de emprendedores) que hacen que el dinero para este tipo de planes sea cada vez más barato. Con esta narrativa, Peire y sus socios (entre ellos María Renner, una bióloga con un doctorado en Neurociencias en Holanda) se pusieron a tocar puertas y lograron conformar meses atrás un pequeño fondo (de un millón y medio de dólares) al que aportaron jugadores como el Grupo Insud (cuyo CEO es el Dr. Hugo Sigman, un reconocido emprendedor nato), Bagó, Bioceres, Vicentín, Gador y el ex presidente de YPF Miguel Galuccio. Ya invirtieron en dos proyectos: uno de levadura líquida para cerveza artesanal y otro de polinización de cultivos. Planean sumar cuatro más este año, siempre en el área de la biotecnología, y en particular con foco en la alimentación, donde hay en la Argentina cadenas más robustas y posibilidades concretas de generar valor en varios escalones. `Es importante esto de no tratar de inventar la rueda. Una de las oportunidades más interesantes que veo es en armar proyectos que usen ciencia y tecnología para mejorar industrias ya existentes. Es decir, innovar sobre cosas que la gente ya quiere`, remarca Emiliano Chamorro, que en la actualidad coordina una edición conjunta de EmprendING (de la Facultad de Ingeniería) y de EmprenEX (de Exactas de la UBA), en una cátedra a la que asisten más de 500 alumnos. `Lo más desafiante es armar equipos que tengan una pata científica y tecnológica y una pata de negocios, que se respeten mutuamente y se entiendan`, agrega Chamorro, uno de los fundadores del Instituto Baikal. Junto a un grupo de socios, Chamorro exploró varios proyectos de robótica humanoide, de tecnología y nuevos materiales aplicados a la industria de la indumentaria, de Internet de las Cosas aplicado a muebles y de nuevas tecnologías y materiales para la construcción. Aunque lleva pocos años y está en etapa inicial, en los EE.UU. hay cerca de mil start ups que de dedican a desafíos tales como el fortalecimiento de cultivos, la producción de biocombustibles con algas, pesticidas, materiales, alimentación, microbioma, medicina o directamente de software para la biología computacional (hoy los mayores avances ya no se producen en laboratorios sino con programas de simulación; y esta tendencia saltará en varios órdenes de magnitud cuando se combine con la computación cuántica, en un lapso estimado entre cinco y diez años).

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