7/6/17

K&SFilms

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Sebastián Ortega: "Hoy ya no podés pensar más en el modelo de la TV local, hoy la TV es global"

Aveces una productora de contenidos se puede parecer a un edificio bien construido. De esos en los que cada nuevo piso sirve de apoyo para el que le sigue, cada vez más alto, mejor. Así se ve Underground desde afuera y así la explica su creador, Sebastián Ortega , desde adentro. Como un trabajo en proceso y continuo que permite trazar una línea de coherencia que va de Los Roldán , la tira que produjo cuando todavía era gerente de contenidos de Ideas del Sur, pasando por Los exitosos Pells y Educando a Nina y que sigue en la inminente Fanny, la fan. En paralelo la productora fascinada con la nostalgia y la reconstrucción histórica también recorrió el camino de Costumbres argentinas, Graduados e Historia de un clan, entre otras, hasta llegar a El Ángel, la película sobre los crímenes de Carlos Robledo Puch, que se comenzará a filmar en algunas semanas. Y una tercera ruta repleta de reconocimientos y premios que de alguna manera empezó allá lejos y hace tiempo en 2001 con El hacker, siguió en Tumberos, encontró su mejor versión en El marginal y pronto recalará en Un gallo para Esculapio. En el centro de esa línea de tiempo productiva que en los últimos tiempos lo encontró en diálogo creativo con leyendas como Pedro Almodóvar y David Chase (creador de Los Soprano) está Ortega. Creador e historiador avezado de Underground, la productora que sin abandonar sus orígenes -la realización de ficción para la TV abierta- descubrió que había que cambiar y ampliar el horizonte para tener más historia. Más historias. Un estudio de contrastes Si el elemento fundamental de las tiras diarias de Underground son sus protagonistas honestos y con buenas intenciones, parte del ADN de la productora son también sus series siempre volcadas hacia el lado oscuro. Este año, en una cara estará la tierna Fanny y en la otra, Un gallo para Esculapio, el proyecto que dirigirá Bruno Stagnaro, el realizador de la brillante serie Okupas que produjo Ortega en los tiempos de Ideas del Sur. "Fue una alegría enorme para mí sentarme con Bruno a retomar una ficción de la que habíamos hablado en 2004. Doce años después volvimos a la historia que en aquel tiempo arrancaba con un tipo que venía de la provincia con un gallo de riña bajo el brazo para encontrarse con su hermano que nunca aparece a buscarlo a la estación. La riña de gallos es lo que unirá al protagonista, Peter Lanzani, con el personaje de Luis Brandoni, un fanático de las riñas que lidera una banda de piratas del asfalto. Es un mundo que tiene oscuridad, sordidez pero al mismo tiempo cierta belleza. Ese vinculo recorrerá el arco dramático de la primera temporada", dice Ortega casi adelantando que la serie tendrá la continuidad que acostumbran tener las ficciones internacionales. "En esta nueva televisión ya no podés pensar en series de una sola temporada porque las cadenas asociadas te piden por contrato que esté la posibilidad de continuidad. Hoy ya no podés pensar más en el modelo de la televisión local, hoy la TV es global. En el caso de El marginal, por ejemplo, la segunda parte será una precuela que contará cómo fue la llegada a la cárcel de algunos de los personajes que vimos en la primera. Y si hacemos una tercera sí será la historia de Pastor (Juan Minujín). Matamos mucha gente en el final de la primera así que nos convenía ir hacia atrás. De hecho, con todos esos personajes muertos nos dimos cuenta de que tenemos que empezar a pensar siempre más allá de la primera temporada, planificar para adelante", recuerda el productor que además de esa valiosa enseñanza le agradece a esa serie haberlo acercado a uno de sus ídolos. Es que el año pasado, El marginal compitió y ganó el premio principal en el festival de ficción Series Mania que se realiza anualmente en Francia y en aquella oportunidad el presidente del prestigioso jurado que la distinguió fue David Chase, prócer de la era dorada de la televisión. "Entre las finalistas con las que competimos había programas que no bajaban de los 15 millones de dólares por capítulo y a esas les ganamos. No me gustan las entregas de premios pero en este caso no solo nos avisaron que estábamos entre los tres finalistas sino que Chase era el presidente del jurado así que tenía que ir. Aunque él ya se había ido para la entrega de premios recibí la devolución de todo el jurado en la que destacaban la ambientación, el realismo y lo genuina que es la serie. Que igual no deja de ser ficción porque las cárceles no están en esas condiciones, pero con (Israel) Caetano decidimos generar un universo propio. Lo aclaro porque leí el otro día que el presidente Macri dijo algo sobre eso y puedo decir que las cárceles que visitamos nosotros no están en las condiciones que se muestran en el programa", dice Ortega que muy lejos de conformarse con los laureles conseguidos este año hará que su productora pase la frontera de la pantalla chica para meterse en la grande. Con dos grandes. "Estamos coproduciendo El Ángel con la productora K&S. Es curioso porque hace dos años estaba medio tirante la relación porque nosotros estabamos grabando Historia de un clan y ellos tenían El clan, la película de Pablo Trapero. Nuestro acercamiento con Hugo Sigman y Matías Mosteirin de K&S fue por aquel conflicto y hoy gracias a eso estamos trabajando juntos en el nuevo film. Además ellos le mandaron el guión a nuestro nuevo socio que es El Deseo, la productora de los hermanos Almodóvar y les gustó mucho. Cecilia Roth, que forma parte del elenco de la película, nos contó del entusiasmo de Almodóvar con el guión", cuenta Ortega que junto a su hermano Luis, el director del film, y sus nuevos socios se pasó meses buscando a su protagonista. "Fue difícil, pero nuestra primera opción terminó siendo la definitiva. Luis un día fue a la casa de Rafael Ferro y ahí estaba su hijo Toto (Lorenzo Ferro) y no sé por qué pero lo vio a Robledo. Él creía que tenía a su protagonista pero igual decidimos hacer un casting, se vieron más de 400 candidatos y el que más gustó fue el primero", concluye Ortega listo para agregarle un flamante piso a ese edificio cada vez más alto, mejor, más cerca del futuro.

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