13/10/16

K&SFilms

cultura

"Tengo el sueño de armar mi propio personaje en cine ”

El empresario Hugo Sigman, CEO del Grupo Insud, preside también K&S Films, una de las productoras de películas más importantes del país y responsable de “Relatos salvajes” y “El clan”. Hace 23 años, Sigman dejó de ser un devoto espectador para pasar a producir cine argentino. Quizás el título de su primera película encerraba lo que significaba para él entrar a una sala, esperar que se apague la luz y disfrutar de una pantalla iluminada con los grandes rostros de la escena nacional. “Funes, un gran amor” reunió a Graciela Borges, Gian María Volontè, Moria Casán, Pepe Soriano y Andrea Del Boca, con la dirección de Raúl De la Torre, que fue el guionista basado en un libro de Humberto Costantini. Con semejante elenco, Sigman podría haberse dado por hecho, pero en sus sangres corría celuloide y nunca más se apartó de su nuevo rol en la industria. Ser productor es estar del otro lado de las cámaras. Es el rostro oculto, instalado en las sombras y reconocido sólo por los conocedores de los rincones de una filmación. Puede pasar fácilmente inadvertido para el gran público, pero sin él la pantalla quedaría a oscuras. Y no es por su dinero: su trabajo empieza mucho antes que cuando abre la billetera; se inicia al creer en una idea plasmada en un centenar de páginas, confiar en quién la propone, aportar la visión estética, definir el mercado al que va dirigida y, en definitiva, crear desde un lugar distinto al del artista. Sigman tiene múltiples actividades. Es el dueño del Grupo Insud, un conglomerado empresarial dedicado a las industrias farmacéutica (posee dos de los mayores laboratorios del país, Chemo y Biogénesis Bagó), biotecnología (Sinergium Biotech), agroforestal y cultural (aparte del cine tiene la editorial Capital Intelectual, cuyo principal producto es el mensuario Le Monde Diplomatique). En 2014, la revista Forbes lo mencionó como el doceavo argentino con mayor fortuna, estimada entonces en U$S 1.000 millones. En el cine, su pasión la desarrolla desde 2005 en K&S Films, que construyó con su amigo Oscar Kramer (fallecido cinco años después) y que es la responsable de los mayores éxitos artísticos y de taquilla de los últimos años en el país, como son “Relatos salvajes” y “El clan”. Pero en la entrevista que realizó con LA GACETA, en un alto de su presencia para el Endeavor 200, Sigman defiende películas que no tuvieron tanta popularidad, y aclara que no se identifica con ningún personaje que haya producido. - ¿Qué es lo que lo motiva a hacer cine en la Argentina? - Cuando uno hace cine, en mi caso, busco dos cosas: entretener y transmitir contenido. Cuando con alguna película sos capaz de que el público la disfrute por distintas razones, que no es sólo la risa, y además le das un contenido, te sentís realizado. En algunas películas te sucede y en otras, no. Si ocurre, estás muy feliz y en el último tiempo tuvimos la suerte de llegar a ese estado; pero en otras, no. - ¿Y fueron muchas esas otras? - No te voy a dar nombres (ríe), pero algunas sí, porque no te gusta cómo salió o la imaginabas distinto. Como contrapartida, te encontrás con películas chicas, que no tienen tanta trascendencia pero que te dan un enorme placer. Por ejemplo, “El perro”, que filmó Carlos Sorín en 2004 y que no la vio mucha gente, es un filme humano que trata la crisis individual y familiar de un modo muy suave y sin grandes alharacas. No siempre el éxito comercial te produce placer; este llega cuando sentís que realizás las expectativas que tenés para esta actividad y esta profesión cuando empezaste el proyecto. - En K&S abrieron puertas para nuevos creadores, como con “El último Elvis”, el debut de Armando Bo (nieto) como director y de su primo, Nicolás Giacobone como guionista, que luego ganaron el Oscar con “Birdman”. - Ahí tenés otro ejemplo. Los dos don chicos muy talentosos y fantásticos, que filman muy bien. Con la pelócula les fue muy bien en festivales, pero no tan bien en público. A mí me encanta, toca el tema de cómo una persona, tratando de identificarse con un personaje que admira, enloquece. Es un tema muy contemporáneo e interesante: el rol que tienen los ídolos, los futbolistas, los artistas, los personajes de la televisión sobre la gente y cómo impacta en quienes se mimetizan con ellos. - ¿Se siente identificado con alguno de los personajes que produjo? - La verdad que no. Con los años, las expectativas personales están más o menos consolidadas. Todavía tengo el sueño de ir armando mi propio personaje, es lo que busco en este momento de mi vida. - Desde que comenzó en el cine argentino, ¿siente que ha cambiado de algún modo? - Sí cambió. No creo en lo que se llamó el cine de autor, en lo referido al que está orientado y recluido a un público muy limitado; no lo desprecio, pero no es lo que me gusta. Me gusta el de alta calidad industrial, que tenga un mensaje dirigido a la mayor cantidad posible de personas y que sea placentero verlo. Cuando hicimos “Relatos salvajes” y fue vista por primera vez en España por la gente de Warner y por Pedro y Agustín Almodóvar, me dijeron que no parecía ni una película argentina ni una española. No se referían al contenido ni a la actuación, sino a la foto, al sonido, al color, al vestuario. Nosotros buscamos ese tipo de cine. Hay muchos directores y autores que están apostando a informar, entretener en forma masiva y con calidad. Es muy raro que la hayan aceptado como película en Cannes ya que tiene un costado un poco cómico, y no recuerdo un antecedente similar. Entró porque no hay contradicción entre divertir y ser buena. Este es el cine que fue evolucionando con los años. - ¿Es lo que permitió que K&S sea el principal productor de la Argentina? - También la productora de Juan José Campanella está muy bien, como Patagonik Films u otros colegas. Pero sí estamos entre las más reconocidas, muy bien consideradas. - Hay un reconocimiento internacional incluso, porque ustedes han hecho la producción local de películas de afuera. - Es por la forma en que trabajamos; hicimos varias y muy grandes. La última fue “El renacido”, cuando se filmó en Tierra del Fuego, y antes “Focus”, con Will Smith en Buenos Aires, y “Lucky Luke”, con franceses. Hay una gran oportunidad para la industria argentina en este campo. El problema que tiene el país, y que si se resuelve va a generar mucho trabajo, es que la carga fiscal hace muy costoso producir en la Argentina. Lo esencial a modificar es la devolución del IVA y la carga social de los actores. - ¿Dónde es distinto el tratamiento fiscal? - En Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Hungría y Sudáfrica, entre otros países. Filmar películas extranjeras en el país es como una exportación, no hay sentido que se cobre lo que mencioné. Nuestra Cámara le hizo llegar a la AFIP y al Gobierno un estudio de cuánto es lo que se podría producir y es muchísimo, lo que le daría trabajo a los técnicos argentinos. Esperemos que reaccione, porque en una inversión de U$S 12 millones, el 21% de IVA son casi U$S 3 millones y eso hace que se dispare el presupuesto. Todos los mexicanos que están triunfando en Hollywood son talentosos, pero aprendieron mucho de los norteamericanos cuando filmaban en México porque era más barato. - ¿En qué producciones está comprometido actualmente? - Estamos estudiando dos o tres proyectos. Ya hemos comprado los derechos por el libro “Born” de María O’Donnell (sobre el secuestro de los hermanos Born en 1974) y de “El puñal”, de Jorge Fernández Díaz, y tenemos en carpeta otros con Santiago Mitre (autor de “La patota”) y con Walter Salles. Lo más cercano es la terminación de la película de Emir Kusturica sobre el ex presidente del Uruguay, José Mujica, que finaliza en agosto. Mujica un personaje maravilloso, increíble, y la comunión con el director fue extraordinaria. Es un documental ficcionado, basada todo en su vida real. Se va a estrenar pensando en el Festival de Cannes del año próximo. - Usted es multifacético, y en el campo de las industrias culturales el Grupo Insud se consolidó en un espacio del pensamiento argentino muy importante. - Desde adentro uno no se da cuenta. Ojalá que sea así. Tratamos de armar una compañía universal, globalizada y coherente en todas sus ramas, desde la ciencia a la cultura. Todo se integra, no tengo contradicciones al respecto. Pero tampoco soy un ser súper especialista en todas las ramas que tengo, sino que trabajo con grupos humanos que me revitalizan y me permiten conocer cosas distintas. - ¿Hay espacio para un mercado editorial de izquierda en el país? - Es muy difícil, es muy trabajoso. Le Monde Diplomatique tiene una venta aceptable, de unos 15.000 ejemplares por mes, pero para hacerlo de calidad cuesta mucho. Lo mantengo porque me parece un lugar de reflexión interesante. Ver nota web

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